Igualmente, en México, en el noticiero de la noche se advirtió a
la gente que las redes sociales como Facebook, Twitter, Hi5 y
Myspace estaban siendo utilizadas por los secuestradores para
conocer el nivel de vida de los usuarios y de esta forma cazar a
posibles víctimas.
Por otro lado, meses atrás escribí un artículo sobre la adicción a
las redes sociales, en él me declaré adicta, pero también acepté
no iban a desaparecer pronto del panorama y que para bien y para
mal íbamos a tener que aprender a vivir con ellas. Tiempo después,
una de mis tías me dijo que estaba preocupada porque su hija de 14
años no se separaba de Facebook y ella no entendía nada de eso.
Pero la niña, precoz como la mayoría de los niños de hoy, leyó mi
blog y lo utilizó para mostrarle a su madre que no había de qué
preocuparse, si yo podía reírme de mi dependencia a la red, ¿por
qué no lo podían tomar ellas también a la ligera?
Todo esto me dejó pensando y me parece que hay un lado oscuro del
Internet que es necesario observar y tomar medidas inteligentes y
conscientes en lo que concierne a la utilización de esta
herramienta por los menores de edad. A mi parecer es una parte
fundamental en la educación de los niños actualmente que se está
dejando de lado.
Antes quiero aclarar que no soy partidaria de ningún tipo de
censura, siempre y cuando todo lo publicado sea hecho en un marco
legal. Creo que la maravilla de la red es que ha dado a la
libertad de expresión un nuevo espacio en donde no se depende de
los medios de comunicación pagados o de la política para que cada
quien exprese sus opiniones, creencias y gustos. También creo que
cada quien tiene la libertad de elegir lo que quiere y no quiere
leer, ver o escuchar, esa es otra de las maravillas de Internet,
no se impone, como la publicidad o la televisión, es quien busca
el que encuentra. Aún si a mi correo electrónico llegan ofertas de
venta de viagra, aumentos de tamaño de todo tipo de partes del
cuerpo y pornografía gay está en mis manos si lo abro o no, si lo
compro o no, es una oferta más, eso no me ofende ni me afecta y
pienso que a nadie más debería hacerlo. Tampoco me alarma u ofende
cuando algún lector de mi blog declara su desacuerdo con lo que
escribo. Podemos dialogar, podemos coexistir.
Ahora, con los niños la cosa es muy distinta. En mis épocas mis
papás nos advertían del robachicos, no debías hablar con extraños,
menos subir con ellos a un auto o abrirles la puerta de casa. Era
relativamente sencillo. Ahora la tarea de los padres es un poco
más complicada. El Internet es otra puerta a la casa, tanto para
conocidos como para extraños. Se necesita cierta madurez y
criterio para saber qué es lo que se quiere aceptar dentro de la
vida propia y qué no. También se requiere de cierta madurez para
saber qué es lo que se quiere publicar y que se sepa de uno mismo
en el mundo entero.
Las redes sociales y los blogs cuentan con una duplicidad extraña,
lo que publicamos se da en un acto privado, yo cambio mi estado de
ánimo, yo hablo con mis amigos, yo subo mis fotos, todo frente a
una computadora, por lo mismo a veces se nos olvida que todo eso
que en un momento pareció privado en el momento de subirlo a la
red se convierte en un acto público en extremo. Y como en las
películas policíacas "todo lo que digas, puede ser utilizado en su
contra". Por supuesto que como adultos podemos asumir de una forma
u otra ese riesgo. Pero con los niños hay que tener un cuidado
especial y como padres, hay que hacer el trabajo, por molesto que
sea para los niños, de cuidar lo que ven, leen y publican.
¿Cómo hacerlo? Aquí
algunas ideas:
- No se trata de prohibirles la entrada al Internet o de hackear
sus passwords para leer todo lo que escriben. La idea es
acompañarlos en lo que ven y aprender a leer en sus expresiones
signos de alarma.
- Hay que saber de qué se trata, si tu hijo tiene un perfil en
cualquier red social, saca uno tu, eso te ayudará a que no sea un
mundo extraño y lejano, también podrás hablar el mismo idioma que
ellos. Quizá no te acepte como su amigo en un principio, pero
verás que ellos también tienen curiosidad y tarde que temprano te
harán parte de su red, un paso fundamental para conocer esa parte
de ellos que a veces puede parecer inalcanzable.
- Como en el resto de sus vidas hay que buscar la comunicación, si
les preguntas ¿cómo te fue en la escuela?, ¿cómo están tus
amigos?, ¿con quién hablas por teléfono? o ¿qué estás viendo en la
tele? tienes que comprender que su red de amigos por internet
también es parte importante y real de su vida y para conocer más
debes preguntar cosas como ¿con quién estabas chateando?, ¿quiénes
son tus amigos de facebook? ¿Has visto buenos videos en youtube
últimamente? Muchas veces los padres no están acostumbrados a
hablar de eso con sus hijos, pero el convertirlo en parte de la
convivencia familiar puede ayudarte a conocer si tienen una
relación sana con la red. Si sus respuestas no son naturales o se
salen del patrón usual de comportamiento de tu hijo quizá tengas
que poner más atención a lo que hace cuando está en la
computadora.
- Hay que hablar con ellos sobre lo que es correcto publicar y lo
que no. Es importante hacerles notar que la red es tan grande como
el mundo; que lo que ellos suben lo puede ver cualquier persona, y
eso incluye gente buena y mala. Los niños son muy inteligentes
pero a veces necesitan hacer consciencia de cuán público es el
Internet y los riesgos que corren al mostrar información o
fotografías que los pueden hacer vulnerables a malos usos.
- La regla de "no hables con extraños" también debe aplicar en la
red. Hay que hacerlos conscientes que del otro lado de la
computadora puede estar cualquier persona. Es importante dejarlos
conocer los peligros de alguien que parece bueno, incluso parece
un amigo y que los quiere conocer "sin que nadie se entere". Esta
gente suele aprovecharse de que los niños en la red están
descuidados, y tienen horas y horas para hablar con ellos, muchas
veces se hacen pasar por cómplices de sus desventuras por lo que
los niños comienzan a tener confianza en ellos. No se trata de
asustar a los niños pero sí de que sepan a lo que se enfrentan, no
hay mejor defensa que el conocimiento. Un niño consciente está
mucho mejor armado para lidiar con cosas que lo incomodan, dejarlo
saber que tú conoces lo que puede pasar y que puede confiar en ti
lo hará sentir menos culpable y es posible que pida ayuda.
Y tú ¿conoces lo que hacen tus hijos en la red?
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