No esperes a tener un compromiso para conseguir que tu rostro
irradie una imagen armoniosa, tranquila y sosegada.
Recuerda lo que dice la tradición popular: “La cara es el espejo
del alma” y a través de ella se percibe nuestro interior. Las
tensiones implican preocupación y nerviosismo y son agudizadas por
una alimentación descontrolada.
Las líneas de la frente y el contorno de la boca se tensan cuando
las preocupaciones y el estrés traspasan nuestro inconsciente y se
manifiestan en el exterior. No dejes que eso ocurra, y cada noche
consigue relajar los músculos faciales a los que ha sometido a
estiramientos nada favorecedores.
Mantén la piel bien hidratada para que, pese a tus gestos, los
surcos no formen parte de la geografía de su cara.
Debes mantener especial cuidado si se trata de una piel madura,
dado que la firmeza y la vitalidad ya no es la misma que cuando
tenías veinte años.
MASAJE, ESTÍMULO
Un masaje relajante siempre es un estímulo, pero también la
cosmética te brinda la oportunidad de buscar sosiego en casa,
siempre que alguien pueda ayudarte.
La firma Decléor le ofrece una combinación de aceites esenciales,
cien por cien puros y naturales: Aromessence. Este producto
favorecerá un masaje reparador, además de un nutritivo
tratamiento.
Lo ideal es que, una vez tratada con un producto desmaquillante y
de limpieza facial, desde el nacimiento del cabello hasta el
escote, consigas extender y penetrar el aceite con suave presión y
ligeros masajes.
El masaje en la cara es, además de exitoso, muy relajante y sus
resultados son inmediatos. En ocasiones logra un efecto mayor que
si se realiza en el cuerpo. Como si cada célula se sintiera mimada
y a punto para volver a cumplir su función.
NUEVE HORAS DE SUEÑO
En ocasiones, la tensión del rostro la provoca la falta de
sueño. No conseguir un descanso reparador conlleva, además de
reflejar los signos inequívocos del cansancio, que nuestra imagen
mantenga cierta brusquedad en el gesto.
El tratamiento de la firma japonesa SK-II, está especialmente
dirigido al rostro y se basa en la tradición milenaria de los
países asiáticos, cuyo ritual consiste en: purificar y renovar
para dar a la piel la luminosidad y nutrición necesaria.
El activo clave del tratamiento es la pitera, un líquido
transparente, que se extrae del proceso de fermentación de la
levadura. Fue descubierto por un monje nipón, cuando visitaba una
destilería del popular licor japonés sake.
El monje observó que la piel de las manos de los trabajadores era
tersa y suave, al contrario que la de su rostro, que dejaba
traspasar el paso del tiempo.
Los beneficios de la pitera tienen que ver con las vitaminas,
minerales y aminoácidos que contiene, que funcionan igual que los
que contiene la piel, de ahí que ayude a que recupere su armonía.
El resultado se percibe nada más terminar la sesión. Una piel
radiante y descansada, como si hubiera dormido nueve horas
seguidas, serán la prueba evidente de su magnífico resultado.
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Nombre:
Irene Lopez Gonzalez
muy interesante articulo, felicidades |
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