Si bien son muchas las investigaciones que demuestran que pasados
los 35 años la fertilidad femenina disminuye, muy pocos han
explorado los límites de la fertilidad masculina. Los hombres,
igual que las mujeres, también tienen un reloj biológico que pone
límites a su capacidad reproductiva. La fertilidad en el varón
disminuye pasada esa edad, según un estudio realizado por el
centro de reproducción asistida Eylay de París, en el que han
participado 12.236 parejas, cuyos resultados se presentaron ayer
durante la decimocuarta reunión anual de la Sociedad Europea de
Embriología y Reproducción Humana.
Las parejas que han participado en la investigación acudieron a
este centro de reproducción asistida en París para someterse a una
inseminación intrauterina (IIU). En la IIU, el esperma se
centrifuga para separar los espermatozoides del fluido seminal,
para después insertarlos directamente en el útero. Antes de
realizar la inseminación, se examinó el esperma de todos los
individuos para comprobar que la cantidad, la motilidad (capacidad
para realizar movimientos complejos y coordinados) y la morfología
de los espermatozoides eran adecuadas para la fecundación.
A pesar de que todos estos parámetros eran correctos, los
investigadores observaron que las mujeres con parejas mayores de
35 años acababan teniendo más abortos espontáneos y, por lo tanto,
menores tasas de embarazos que las que tenían una pareja más
joven. En concreto, el estudio desvela que cuando el padre tiene
entre 30 y 34 años, el riesgo de aborto espontáneo es de un 16,7%.
El porcentaje asciende a un 19,5% cuando tiene entre 35 y 39 años,
y alcanza el 33% cuando tiene 40 años o más. Cierto que un hombre
puede ser padre a edades avanzadas, pero cuanto mayor sea más le
costará.
Yves Ménézo, embriólogo del centro parisino, explica que los
hombres mayores son menos fértiles a causa de una mayor
fragmentación del ADN de sus espermatozoides, responsable de
transmitir la información genética al óvulo. La fragmentación
compromete el desarrollo del futuro embrión, con lo que se acaba
produciendo el aborto de forma espontánea. "A partir de ahora, los
ginecólogos deberán tener en cuenta tanto la edad de la madre como
del padre", añade Ménézo. "Creemos que a las parejas que tienen
este problema se les podría sugerir que recurriesen a la
fecundación in vitro", afirma Stéphanie Belloch, autora principal
del estudio. Con esta técnica, se pueden seleccionar los
espermatozoides que no están dañados para proceder a la
fecundación del óvulo en el laboratorio.
En España, cada vez más clínicas privadas ofrecen pruebas de
fragmentación de ADN antes de realizar una inseminación artificial
para asegurar el éxito de la fecundación.
También se ha relacionado con la infección por clamideas, la
enfermedad humana de transmisión sexual de mayor prevalencia en el
mundo, según un estudio publicado el año pasado en Fertility por
un grupo de investigadores de las universidades Autónoma de
Madrid, La Coruña y Nuevo León (México).
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